nuestra historia

Santa Teresa de Jesús fundó en Ávila el primer convento de carmelitas descalzas, San José, el 24 de agosto de 1562. Seis años más tarde, en Duruelo, aldea abulense, abrió el primer convento de frailes carmelitas descalzos, con san Juan de la Cruz como superior.

El padre Gabriel de la Concepción, que había fundado en Granada y en Peñuela (Jaén), se trasladó a Málaga para solicitar al obispo, Juan Pacheco de Córdoba, y al corregidor, Pedro Zapata de Cárdenas, autorización para fundar un convento de carmelitas descalzos. Se encontró con la negativa de ambos, alegando la “gran pobreza y aflicción en que la ciudad se hallaba, ocasionada por una rigurosa peste que había aminorado la ciudad en más de diez mil personas”, según relata el padre Francisco de Santa María en “Reforma de los Descalzos de Nuestra Señora del Carmen, de la primitiva observancia, hecha por Sta. Teresa de Jesús en la antigua Religión fundada por el Gran Profeta Elías” (Madrid, 1655. Tomo IIº).

El padre Gabriel no se amilanó, sino que se estableció, por su cuenta, en el que entonces era el barrio más pobre de la ciudad, Los Percheles. Celebraba misa en la ermita de san Andrés y atendía a los apestados, enterraba a los muertos y ayudaba a todos. Su acción caritativa le llevó a granjearse la admiración de los habitantes del lugar y terminó por cambiar la decisión del obispo y del nuevo corregidor, Diego Ordóñez de Lara, y también de los padres dominicos que eran reacios a que se levantara un nuevo convento cerca del suyo. Concedidas las licencias, el 27 de junio de 1584 se estableció en Málaga la primera comunidad de frailes carmelitas descalzos, en el barrio de Los Percheles. Fueron los padres dominicos quienes trasladaron, en solemne procesión, el Santísimo Sacramento desde su convento a la nueva comunidad del Carmen.

Los frailes se esforzaron plenamente en la mejora espiritual y material de los habitantes del barrio y varios de ellos murieron al contraer la peste por cuidar a los enfermos. Fue tal la implicación de los carmelitas con los percheros que éstos encomendaron a los frailes la vigilancia permanente desde la torre que construyeron junto al convento para vigilar la costa. La devoción a la Virgen del Carmen se extendió por todo el barrio que cambió su nombre por el del Carmen y de aquí se propagó por toda la costa.

Tras el convento carmelitano de El Perchel se fundaron los de Vélez-Málaga (1591), desierto de las Nieves (1593), Ronda (1593), Antequera (1617), Gaucín (1702) y Mijas (1710). También se fundaron tres conventos de carmelitas descalzas. Málaga (en 1585, por san Juan de la Cruz), Antequera (1633) y Vélez-Málaga (1699).

En 1835, los carmelitas descalzos, al igual que otras congregaciones religiosas, se vieron obligados a abandonar sus conventos por causa de la desamortización de Mendizábal. El convento y dependencias anexas fueron saqueados y los archivos y las obras que los frailes habían cuidado hasta entonces quedaron destruidos.

Fue en 1943 (108 años después de su expulsión) cuando los carmelitas descalzos regresaron a Málaga, a petición del obispo malacitano Balbino Santos Olivera. No pudieron recuperar su antigua iglesia y convento del Carmen. Inicialmente atendieron las parroquias de San Pablo, Puerto de la Torre y la Purísima.

El 8 de diciembre de 1953, el obispo don Ángel Herrera Oria creó la parroquia de san Rafael. El 25 de octubre de 1957, se la encomendó a los padres carmelitas descalzos.  Esta parroquia funcionaba en un aula del grupo escolar Nuestra señora del Carmen, en la calle Alemania, nº 1. Los frailes vivían en un piso de la avenida del Generalísimo Franco (Alameda Principal).

El 15 de octubre (festividad de santa Teresa de Jesús) de 1961 se colocó la primera piedra de lo que hoy es la parroquia Stella Maris y el convento de Carmelitas Descalzos. Éstos fueron bendecidos e inaugurados el 25 de marzo de 1965.

La parroquia de san Rafael pasó a denominarse de Stella Maris el 1 de junio de 1974.

Iglesia y convento están considerados como uno de los edificios más importantes de la arquitectura actual. Su arquitecto, José María García Paredes (Sevilla,1924, Madrid, 1990 ) supo diseñar, en una parcela de menos de 500 metros cuadrados (14,30 X 33,40) que da a tres calles, el complejo que alberga un espacioso y luminoso templo y todas las dependencias propias de un monasterio.

Sencillez, construcción con materiales austeros y funcionalidad son las características de este conjunto que fue declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía en 1987 y que está integrado en el registro DOCOMOMO (Documentación y Conservación de la arquitectura y el urbanismo del Movimiento Moderno).

La iglesia, de planta rectangular y de una sola y amplia nave, muestra la sencillez de los elementos materiales que la conforman: el metal de las estructuras y carpinterías y el ladrillo cerámico sin revestimiento exterior. Se accede a ella desde la Alameda Principal, nº 29, por una amplia escalinata debajo de un doble coro. Al fondo, en una estructura elevada, el altar mayor presidido por una gran imagen de Cristo Crucificado. Debajo del suelo del altar, en un espacio semisótano, se encuentra una capilla a la que se accede, además de por la iglesia, por la calle Trinidad Grund, a la altura del cruce con Tomás Heredia. En ella se veneran las imágenes de santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz.

A los pies del presbiterio, a nivel del suelo del templo, hay un pequeño altar con el Sagrario. En el lado del Evangelio, debajo de un pasillo que comunica los coros con el presbiterio, pegados al muro del templo,  están instalados siete confesionarios de madera.

La capilla de la pila bautismal se sitúa a la derecha de la entrada a la iglesia, debajo del coro.

Debajo del templo, en el semisótano, se ubican la sacristía, despachos y salas de reuniones.

Sobre la techumbre de la iglesia, se alza el convento, construido en tres niveles.  La estructura de cerchas sobre la que se alza está apoyada en los soportes perimetrales del edificio. La primera planta del cenobio corresponde al claustro, amplio y exento. En la planta segunda están las dependencias comunes de los frailes. En la última planta se hallan las 16 celdas alineadas bajo los faldones inclinados del tejado, construido éste a cuatro aguas.