Ir al contenido
  • Inicio
  • Parroquia
    • Historia
    • Historia gráfica
    • Equipo Parroquial
    • Fotos
  • Actividades
    • Actividades
    • Horarios
    • Catequesis
    • Matrimonio
    • Novedades
    • Noticias
  • Meditación
    • Imagen del día
    • Evangelio del día
    • Santoral
    • 3 minutos con Dios
    • Homilías
    • Taller de oración
  • Enlaces
  • Contacto
  • Inicio
  • Parroquia
    • Historia
    • Historia gráfica
    • Equipo Parroquial
    • Fotos
  • Actividades
    • Actividades
    • Horarios
    • Catequesis
    • Matrimonio
    • Novedades
    • Noticias
  • Meditación
    • Imagen del día
    • Evangelio del día
    • Santoral
    • 3 minutos con Dios
    • Homilías
    • Taller de oración
  • Enlaces
  • Contacto

Homilías

Y Jesús provocó un escándalo…

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario
TEXTOS: Ex 18,25-28; Sal 23; Flp 2,1-11; Mt 21,28-32

Y Jesús provocó un escándalo…

Jesús, el Maestro, usa una pedagogía provocadora. No se andaba por las ramas a la hora de cumplir su misión: no escatima esfuerzos y no le importa quedar bien, buscando el aplauso fácil. Incluso, a veces, sus palabras provocan el escándalo. Jesús casi escandaliza cuando lanza a sus atónitos interlocutores la siguiente andanada: Los pecadores y las prostitutas os llevan delantera en el camino del Reino. ¡Qué provocación! pensarían entonces… pensamos nosotros, ahora.

El Maestro se dirigía a gente buena, al menos que «se creía buena»: sumos sacerdotes, fariseos, señores de la ley, los que siempre andaban en el templo. Jesús explica su afirmación con un ejemplo, una parábola de las suyas: Un hombre tenía dos hijos. El primero, aparentemente rebelde, pero en el fondo obediente, arrepintiéndose de su pecado y expresando su amor a su padre siguiendo sus mandatos; el otro, parece ser que era «el bueno», aunque en el fondo era, como suele decirse, un «suavón»: uno de esos que siempre dice sí, pero que luego hace lo que le da la gana. Jesús quiere expresar que no basta con las apariencias. Y llama la atención sobre aquellos que refugiados en el templo se creen ya salvados.

Llevemos esta parábola a la vida de nuestras comunidades: en toda comunidad o parroquia solemos, muchas veces, estar los de siempre, los «oficialmente buenos», que no somos malos pero que nos anclamos en una vida mediocre… sin entregarnos del todo. Dios está continuamente invitándonos a trabajar seriamente en su viña y nosotros estamos continuamente respondiendo «mañana»; no somos desobedientes del todo, pero no obedecemos con entusiasmo a la llamada del Espíritu.

Y de pronto surge gente nueva, personas que descubren la fe y que quieren entregarse con valentía… aunque su vida haya sido de pecado. Y, con frecuencia «los de siempre, los buenos oficiales» nos sentimos interpelados y hacemos lo imposible por excluir a los nuevos de la vida de la comunidad: no soportamos que alguien venga de fuera y nos diga que se puede ser mejor.

Es un buen momento para que reflexionemos sobre la calidad de nuestra comunidad, de nuestra parroquia: ¿es una comunidad que se alegra con el que llega, aunque sea pecador arrepentido? ¿Es una casa de puertas abiertas que sale al encuentro del que llama, le acoge y le pone en el mejor sitio?

San Pablo le pide a los filipenses unas actitudes básicas para crear una auténtica comunidad cristiana, una auténtica parroquia: Manteneos unánimes y concordes, con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por envidia ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerar siempre superiores a los demás. Es un buen programa para convivir. Y nos resume el apóstol: Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

El papa Francisco nos habla frecuentemente de una «Iglesia en salida», de hacer de la Iglesia «un hospital de campaña»: con una pedagogía provocadora, nos está invitando a no contentarnos con «contar los buenos de casa», sino a salir a los caminos y acoger a todo el que quiera sentarse a nuestra mesa.

Nuestra comunidad no debe ser un club selecto, con “derecho de admisión”. ¿Tengo un corazón abierto a quien llega? ¿Me alegro con el pecador que vuelve?

Alfonso Crespo Hidalgo

Te puede interesar...
CUANDO SE ROMPE LA LÓGICA
CUANDO SE ROMPE LA LÓGICA
viernes 18 septiembre, 2026

XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO TEXTOS: Is 55,6-9; Sal 144; Fp 1,20-27; Mt 20,1-16 Cuando se rompe la lógica se desmoronan nuestros planes. ¡Es lógico! ¡Es normal! ¡Es lo que hay que hacer! solemos exclamar con énfasis, cuando las cosas «suceden como tiene que ser». Pero a veces, irrumpe en nuestra

Leer más »
EL RENCOR COME POR DENTRO
EL RENCOR COME POR DENTRO
sábado 12 septiembre, 2026

XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO TEXTOS: Eclo 27,30-28; Sal 102; Rom 14,7-9; Mt 18,21-35 Rencor e ira son detestables. El libro del Eclesiástico, que pertenece a los libros de la Sabiduría de Israel, nos deja una rica reflexión sobre una debilidad profundamente humana que se convierte en un pecado grave: el

Leer más »
EL ARTE DE CORREGIR
EL ARTE DE CORREGIR
sábado 5 septiembre, 2026

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO TEXTOS: Ez 33,7-9; Sal 98; Rm 13,8-10; Mt 18,15-20 La maravillosa carta a los romanos nos deja hoy un mensaje grandioso: la plenitud de la ley es el amor. E insiste: ¡a nadie le debáis nada, más que amor! Uno que ama a su prójimo no le

Leer más »

Parroquia Stella Maris (Málaga)

  • Alameda Principal, 29, 29001 Málaga
  • 952 21 86 90
  • 952 21 67 45
  • Contacto

Recibe gratis nuestro boletín mensual

Diseño: parroquiaweb.es