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Homilías

SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR

SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR

Una vez que estaba Jesús orando… Así comienza el relato evangélico de hoy. Lucas ofrece la enseñanza del Padrenuestro en el viaje hacia Jerusalén. Pero, quizás, lo más importante de este pasaje es el pretexto elegido para la enseñanza: Una vez que estaba orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, enséñanos a orar. La forma de orar de Jesús impresionaba a sus discípulos. El anhelo de orar en el discípulo surge por el deseo de querer orar como su Maestro. Jesús no ha dado a su pequeño rebaño una regla oracional como hacían los grandes maestros. Él reza continuamente en medio de sus discípulos y transparenta la presencia de su Padre. Lucas presenta el Padrenuestro como oración concebida en su origen y fondo como una participación de los discípulos en la oración personal del Señor, a quien, en otros lugares, presenta orando.

La oración cristiana, es una hermosa historia de amistad, donde el Señor trasmite su alma orante a los amigos y estos van siéndolo cada vez más, conforme se introducen en esa oración del Amigo: «Enséñanos a orar, es decirle, enséñanos a orar como oras tú, a orar contigo, es decir, afiánzanos en la amistad».

El Maestro no dejó de responder a esta petición que él mismo había provocado y les dijo: Cuando oréis, decid Padre nuestro… La gran novedad de la oración enseñada por Jesús consiste en la familiaridad con que invitó a los discípulos a dirigirse a Dios, llamándole Padre. La tradición judía se abstenía ordinariamente de pronunciar el nombre de Dios, estableciendo una respetable distancia. Sin embargo, en su oración personal, Jesús rompe esa lejanía llamando a Dios con el nombre de Abba, nuestro cariñoso «papá». Esta familiaridad nos acredita para obtener de él lo que necesitamos. El Padrenuestro comienza dirigiéndose a Dios, a quien invocamos como Padre cercano y le decimos: «santificado tu Nombre», «venga tu Reino», «hágase tu voluntad»: ósea, que tu paternidad divina sea aceptada, y reconocida por todos y que cada hombre y mujer se sientan hijos tuyos, junto a tu Hijo. El resto de peticiones que siguen, están subordinadas a este sentimiento: pedimos el pan, el perdón y la protección contra la tentación. El Padrenuestro es una confesión de la paternidad de Dios y de nuestra condición de hijos.

En este clima de relación filial se entiende el ejemplo del «amigo inoportuno», que se acerca de noche a pedir lo que le falta: si a quien nos pide, le damos, a veces para que nos deje tranquilos ¿no nos va a conceder nuestra Padre Dios lo que le pedimos con confianza? Sentencia Jesús: si vosotros que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que piden? Dios «se gana», el nombre de Padre, mostrándonos sus entrañas de misericordia: dándonos diariamente el Pan-Cristo y, en él, el Espíritu que perdona y reconstruye, y que nos fortalece para afrontar la tentación.

El relato del Génesis, en el que Abrahán, el amigo de Dios, regatea con él, rebajando el número de inocentes, para arrancarle el perdón de Sodoma y Gomorra, es un anticipo de la familiaridad con la que después Jesús se dirigirá a Dios invocándole, e invitándonos a invocarle, como Padrenuestro.

Tuit de la semana: Jesús oraba y enseñó a orar. ¿Soy consciente de que cuando rezo el Padrenuestro, Jesús reza conmigo la oración que él mismo nos enseñó?  

Por Alfonso Crespo Hidalgo

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