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Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? (Bautismo de Jesús)
Foto: J. Serrano

«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?»

Bautismo de Jesús
(Mateo, 3, 13-17)

Recibí el bautismo a los siete días de nacer.
Era la costumbre, entonces:
Todos los nacidos, cuando cumplían una semana de vida,
eran llevados a la iglesia para recibir el agua bautismal.
A los padrinos se les preguntaba: “¿vis baptizari?”
La respuesta, “volo”, provocaba sonrisas.
Decidieron por mí.
Y entré a formar parte de la Iglesia.
Los tiempos han cambiado.
Ahora solamente son bautizados el 46 por ciento
de los niños que nacen en nuestro país.

Imagino a Jesús acercándose al río Jordán,
donde su primo Juan anuncia que está cerca la salvación
y que los que quieran recibirla han de lavar sus pecados
recibiendo el agua purificadora.
El Señor, el que viene a salvarnos, pide también ser bautizado.
Como uno más de los que acuden al río.
El profeta se opone, aunque termina obedeciendo.

Te doy gracias, Señor, porque me regeneraste,
cuando yo aún no era consciente de ello,
con el agua bautismal.
Me has llamado a ser de los tuyos,
a formar parte del pueblo sacerdotal
de quienes creemos que tú eres nuestro Dios,
que vienes a salvarnos cada día.
Me has regalado la fe, el mejor regalo recibido en mi vida.
Hoy quiero pedirte que me ayudes a no defraudarte.
Hazme comprender que el bautismo
me ha de llevar a ser fiel al Evangelio.
Que entienda que ser de los tuyos es anunciar tu mensaje,
con mis palabras y mis hechos.
Que sepa comprender que,
por haber recibido el agua bautismal,
debo comprometerme a ser misionero,
en todo tiempo y lugar,
anunciando que tú quieres que todos, bautizados o no, seamos hermanos.

José Serrano Álvarez
(Rezando al caer de la tarde)

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